Mi?rcoles, 14 de diciembre de 2005
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Los cuentos que me cuento son tan bonitos, que m?s que cuentos, parecen deseos. Por eso me los quedo y los grito, en medio de la calle, all? donde nadie puede entenderme. Por eso cierro los ojos y vuelvo a ver ese maravilloso atardecer magenta, que como velo misterioso, entierra a su paso, ese entramado de casitas de mu?ecas. Y sigo con los ojos cerrados, y puedo ver, casi con m?s nitidez, los tejados de pizarra confundirse con la noche. A lo lejos una torre brilla. A mi derecha, una pareja de (presuntos) enamorados, se besa. Yo, amante celosa del amor, comienzo a contarme el cuento de los atardeceres rojos.

Cuentan que una vez, una diosa de gran belleza se enamor? de un apuesto mortal. Tal era el amor de la diosa al mortal, que decidi? pasar el resto de su eterna vida a su lado. Es por eso que la diosa, desobedeciendo todas las normas divinas, concedi? al mortal la eternidad. ?Durante millones de a?os vivieron felices en Butterfly land.., pero no hay nada m?s absurdo que pretender eternidad all?, donde por definici?n, todo es fugaz. Y nuestro nuevo inmortal comenz? a sentirse extra?o en ese cuerpo sin huellas.... y comenz? a a?orar la pasi?n del minuto que muere, la intensidad de lo que se sabe no siendo ya, lo posible que cesa... y comenz? a sentir que era un muerto en vida. Con el rostro amoratado de dolor, se dirigi? a la diosa y le suplic? que le tornara otra vez mortal. La diosa, conmovida por el sufrimiento de su amado, decidi? despedirse de ?l y dejarle marchar. Tomaron sus cuerpos como nunca: intentando conservar cada instante, ahora tal vez fugaz. Con sus propias manos, la diosa, atraves? el pecho del joven con una daga.Pero nada pudo la diosa contra la inmortalidad del mortal, y la sangre esparcida por el cielo, retorn? al pecho de su amado cuando se ocult? el sol. Por eso, intentando cumplir su promesa, hay d?as que la diosa atraviesa el pecho de su amado, conmovida por sus s?plicas. Y se queda all?, contemplando su sangre esparcida por el cielo. Dicen, que la diosa, espera impaciente el regreso de su amado, no mortal, no feliz, pero suyo eternamente. Y en esas tardes sangrientas, cuando el sol comienza a dormir, la diosa concede a los enamorados, un instante de eternidad.


El cuento de hoy se lo regalo a Bert, al que le debo alg?n que otro instante de eternidad.
Publicado por mavilab @ 0:43
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Publicado por Luna...Lucero.
S?bado, 16 de enero de 2010 | 0:38
Que triste es saberse condenado, cuando ansias la libertad y sabes que te juegas la eternidad...deseada, ilusionada o imaginaria porque al fin y al cabo nos enamoramos de las personas que creemos que pueden llegar a ser ese mortal igual de lindo y bello por fuera que por dentro...aunque la realidad nos muestra que no todo lo que percebimos se muestra en el momento que deseamos...si alguna vez se puede llegar a mostrar.