Lunes, 16 de febrero de 2009


“No era Zeus quien me la había decretado, ni Dike, compañera de los dioses subterráneos, perfiló nunca entre los hombres leyes de este tipo. Y no creía yo que tus decretos tuvieran tanta fuerza como para permitir que solo un hombre pueda saltar por encima de las leyes no escritas, inmutables, de los dioses: su vigencia no es de hoy ni de ayer, sino de siempre, y nadie sabe cuándo fue que aparecieron. No iba yo a atraerme el castigo de los dioses por temor a lo que pudiera pensar alguien: ya veía, ya, mi muerte –y cómo no?—, aunque tú no hubieses decretado nada; y, si muero antes de tiempo, yo digo que es ganancia: quien, como yo, entre tantos males vive, ¿no sale acaso ganando con su muerte? Y así, no es, no desgracia, para mi, tener este destino; y en cambio, si el cadáver de un hijo de mi madre estuviera insepulto y yo lo aguantara, entonces, eso si me sería doloroso; lo otro, en cambio, no me es doloroso: puede que a ti te parezca que obré como una loca, pero, poco más o menos, es a un loco a quien doy cuenta de mi locura”.

Sófocles, Antígona.

 

Jimmy Nerrimah   All the Jila Tapu,Wayamparjarti,Walypa and Wili

 

La espiral se cerró sin tocar entre sí, ninguno de sus puntos. Fundido en negro.

Labios rojos. No le gustaba el sabor de la sangre, la quemazón de la cara. Tubería vieja, en la garganta, como agua con hierro. Silencio. No le gustaba el sabor de la sangre, decía, luego, carrera de sopa hirviendo en su piel. ¿Alguien quiere apostar al caballo perdedor?

 

Fundido negro, dentro.

Voz en of. A lo  lejos, el mar. No quiso esperar, desafío a los dioses, mamada al destino. Ella es el caballo ganador, piedra en el bolsillo mar lejano.

 

Fundido en blanco. Suena un piano, tal vez, Chopin. Tal vez, la copia barata del destino top manta de un senegalés y de todos los muertos low cost que flotaron en las aguas antes que ella. Otra vuelta a la espiral. A lo lejos Chopin.

Inmensos campos amarillos, la tierra, bajo sus pies, bloqueaba el impacto de las lágrimas, de la sangre, de la sopa hirviendo que arrasaba su piel.  Nos regala sus  ampollas. Contó los girasoles, las estrellas, ya no se dejan contar. Gira, gira, gira. Busca el sol también.  No quiere un beso en la frente de parte de los dioses, ya no hay sujeto de culpa, sólo quiere girar hasta quedarse ciega de sol, quedarse preñada de luz, sacarse el frío del invierno eterno de la  piel.

 

Fisura en la espiral. Libertad. Esquizo-voz.

Esperar, esperar, esperar ¿Quién quiso esperar? ¿Quién dijo esperanza?  Bajo sus  pies el mar,  piedra en el bolsillo. Camina por las aguas, cabalga.  Yo soy el caballo ganador, maté a los dioses, uno a uno y ahora me ahogo, entre los ríos de sangre.

 

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Publicado por mavilab @ 15:49
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Domingo, 01 de febrero de 2009
(Y nada tiene sentido, y no hay esperanza)

Le hago una mamada al mundo

engendro fetos de amargura

para, después,  abortarlos.

 

Todas las flores son de plástico,

sólo es primavera en El (puto) Corte Inglés.

 

 

© Ellen Gallagher  Bird in Hand  2006

 

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Publicado por mavilab @ 23:27
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