Lunes, 28 de enero de 2013

Cuando cambio se escribe con “k”. Cuando es subversivo, revelador. Cuando no hay miedo.

¡Egoísta! Gritan las aceras a mi paso. Dejo unas llaves, ciento veinte  hojas, la pared reventando de ira; ausencias. Me llevo todo lo demás.  El vidrio de los ojos, los abrazos que elevan,  las luchas al aire, las risas.

Me alejo despacio, no es una huida. Ciento diez días de despedida ahogada. Y me duele la garganta por no poder decir.  Me alejo despacio,  con ganas de reír sin saber cómo. No me dieron instrucciones para hacerlo. Aún sangro y los cuchillos oxidados caen al suelo.

Kambio. Ahora soy más fuerte. Como una frase en la escalera, recuerdo lo que me hace sonar.

Me alejo. Y mi sombra se me antoja kilométrica aferrada al recuerdo. Vieja loba de mar, acostumbrada al naufragio, recojo lentamente mi sombra como quien captura un pez.  Demasiado cansada,  cegada  por la aurora.

Desaparezco, como las extras feas que mueren sin poder mirar a cámara, sin decir “aprovecho este momento para saludar a mamá”.

Nota de la directora.

Dejamos marchar a los soldados que nunca lucharon en nuestras trincheras.  Y arranco las banderas. Confecciono cortinas por si a la luna le da por brillar más de la cuenta (no sea que consiga ahogar, el brillo de tus ojos, o afear, los fuegos artificiales). Y celebro  que todo esto fue, mucho más auténtico, que  todas las batallas anodinas que creí vivir en mi piel.

¡Acción!


Publicado por mavilab @ 23:12
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