Mi?rcoles, 24 de abril de 2013

L.F. llegó contenta a la oficina. Había  conseguido hablar con seis servicios de atención al cliente y tramitar cuatro reclamaciones. Aburrida de su mediocridad, de su zafia existencia, de su extrema oquedad, decidió hacer de la queja su bandera.   Por la tarde,  tras contar el éxito de su empresa a cuantas personas conocía, sufrió un misterioso ataque de vacío: “mañana ¿de qué me voy a quejar?” Preparó a conciencia su próxima protesta. A la mañana siguiente, le puso una reclamación a la vida.   La vida, que no tiene servicio de atención al cliente, decidió darle de baja.


Publicado por mavilab @ 22:48
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Publicado por FeraXion
Jueves, 26 de septiembre de 2013 | 0:53

jajajajaa muy bueno