Domingo, 30 de marzo de 2014

“Pero, yo no sé pintar” dijo Natal.  Y  extendió con su dedo aquella lágrima díscola, intentando hacerla desaparecer.  Y sin querer, dibujó la línea del horizonte. Cogió sus viejas pinturas, e hizo sitio para el mar, con su brisa y sus delfines locos desafiando a las olas. Y dibujó una ventana abierta para que entrar la brisa. Y aunque aún no sabía pintar la brisa, pudo mover las cortinas vaporosas.  Se tomó mucho tiempo,  trazar su sonrisa, firme y delicada. Y como si de papel calco se tratara,  su sonrisa aparecía en la sonrisa de la gente. 

Vació su casa, tiró los viejos muebles, dibujó estantes, mesas impensables, sofás imposibles y alfombras voladoras. Dibujó un tacatá de seis ruedas, una cuna con airbag, una mecedora con alas, y una cuchara a pilas que hacía sola el avión.

A veces paraba, miraba su obra, y pensaba “vivir y pintar, todo es empezar”.


Publicado por mavilab @ 23:25
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